El Festival Nube Isla Negra 2026 se sigue construyendo. Como parte del proyecto “Nube va a regiones”, el equipo de Nube Lab ha ido recorriendo El Quisco durante los últimos meses, abriendo espacios de conversación que permitan que el festival no llegue como algo ajeno, sino que nazca de las historias, oficios y formas de habitar que ya existen en cada lugar.
En junio, ese recorrido llegó hasta la Caleta de Pescadores de El Quisco, al encuentro con una comunidad cuya identidad está profundamente marcada por el mar y el oficio de la pesca. Ahí, en el Restaurant El Kraken —un espacio que pertenece al propio sindicato—, se realizó una nueva charla-taller centrada en la memoria histórica del Sindicato de Pescadores de El Quisco.

La actividad se hizo en colaboración con el Magíster en Historia Pública de la Pontificia Universidad Católica, invitados a dirigir la charla-taller con el objetivo de compartir metodologías y maneras de co-construir conocimiento junto a las comunidades. El Magíster en Historia Pública parte de la premisa de que la historia no se hace en solitario, sino que puede construirse de forma participativa junto a quienes la viven.
Gracias a la gestión del presidente del sindicato, ese sábado nos reunimos en el Restaurant El Kraken con pescadores, pescadoras y sus familias, quienes se fueron sumando a una mesa de desayuno a medida que se desocupaban de sus faenas diarias. A través de una línea de tiempo, un mapa y otras estrategias metodológicas, conversamos sobre la historia de la caleta y del sindicato, las identidades particulares que lo distinguen, las artes de pesca y sus herramientas, y el lugar que ocupa hoy el oficio en la comunidad.



Uno de los principales hallazgos fue poder valorar lo particular del trabajo que realiza el sindicato: no solo permite a los pescadores organizarse y trabajar en conjunto por la pesca artesanal y el cuidado del oficio, sino que además sostiene una serie de servicios comunitarios ligados a ritos sociales —compañerismo en momentos de muerte, matrimonio y otras instancias—, constituyéndose como un elemento fundamental para la comunidad de pescadores y sus familias.


Llamó la atención el profundo conocimiento que tienen de su propia historia: los datos recabados por los historiadores coincidieron con precisión con lo que los propios pescadores recordaban y relataban. Junto a ese orgullo por la historia y el valor del trabajo gremial, surgieron también los dilemas del presente: la tensión entre los daños medioambientales de la pesca de arrastre —a gran escala— y la pesca artesanal, de una escala más racional, y las dificultades para que las nuevas generaciones, hijos y nietos, hereden los oficios de la pesca.




Pese a estos desafíos, el encuentro fue creciendo con el correr de la mañana: llegaron cada vez más personas, entre ellas pescadoras, nietos y niños muy pequeños que participaron activamente en la construcción de cartografías, dibujos e historias, en una jornada que reunió generaciones completas en torno a la memoria de la Caleta de Pescadores de El Quisco.


