Con el apoyo de la Beca Arte y Compromiso Social 2025 de la Fundación Ama Amoedo, Nube Lab desarrollará, junto a los artistas latinoamericanos: Alexandre Arrechea, Amalia Pica y Rita Ponce de León, intervenciones artísticas en patios escolares para reactivar el recreo como espacio de juego y encuentro.
Recreo viene del latín recreare, que es tanto ‘volver a crear’ como restablecer, reparar o vivificar los ánimos y las fuerzas. En la escuela, este término se amplifica para nombrar un espacio-tiempo fecundo donde coinciden el juego, el ocio, la socialización y la construcción de vínculos: un paréntesis en el que se ensayan otras formas de estar y compartir.
Pero, ¿qué está pasando en los recreos?
Esa pregunta fue el punto de partida de “Nube Lab: intervenciones para patios escolares”, un proyecto que nace de una observación sostenida en años de trabajo con comunidades educativas: el patio, ese lugar que se espera sea el más vivo de la escuela, ha ido perdiendo su pulso. Niños y niñas comparten el mismo espacio, pero no necesariamente se encuentran. Entre pantallas, la falta de propuestas para el tiempo libre y los conflictos de convivencia, el recreo ha dejado de ser, muchas veces, un territorio común. Y con ello, la escuela pierde algo esencial: su capacidad de reunir y construir comunidad.
Hoy, este diagnóstico se inscribe en un contexto más amplio y urgente. Chile atraviesa una creciente crisis de convivencia escolar, con un aumento sostenido de la violencia, amenazas en establecimientos educacionales y comunidades cada vez más tensionadas. Un fenómeno que, aunque se expresa localmente, forma parte de una problemática global.
Gracias a la Beca Arte y Compromiso Social 2025 de la Fundación Ama Amoedo —una línea destinada a proyectos que utilizan las artes visuales para generar impacto social— este año estamos desarrollando “Nube Lab: intervenciones para patios escolares”, un proyecto que busca reactivar el recreo desde el arte.
La propuesta abre una posibilidad exigente: invitar a tres artistas latinoamericanos —cuyas prácticas cruzan el juego, la performance y el espacio público— a co-diseñar intervenciones para activar recreos en escuelas vulnerables de Santiago. A partir de materiales simples, el uso del cuerpo y la participación activa, buscamos devolverle al recreo su condición de espacio común y plural: un lugar donde el juego promueve la cohesión, la inclusión y el encuentro entre distintas experiencias.
Esta beca también nos permite ampliar nuestro rol como plataforma: poner nuestra experiencia en arte y juego al servicio de otros procesos, acompañando a artistas latinoamericanos en el desarrollo de propuestas con impacto social en Chile.
El proyecto reúne a tres artistas cuyas prácticas, aunque distintas, comparten algo esencial: sus obras activan una dimensión lúdica donde el espectador se vuelve participante:
Alexandre Arrechea (Trinidad, Cuba, 1970) formado en el ISA de La Habana y fundador del colectivo Los Carpinteros. Desde 2003 desarrolla una práctica solista centrada en la relación entre los cuerpos, los objetos y el espacio público, explorando formas de interacción donde la escala y lo lúdico transforman su uso. Sus obras —frecuentemente monumentales, siempre abiertas al encuentro— cuestionan las reglas del juego, como en “Orange Functional”, un aro de básquetbol rediseñado que amplía las formas de jugar.



Amalia Pica (Neuquén, Argentina, 1978) vive y trabaja en Londres. Su práctica pone en el centro la comunicación, la participación y la experiencia colectiva. A través de esculturas, performances e instalaciones, utiliza materiales simples —objetos encontrados, formas geométricas y colores— para proponer situaciones donde las personas se encuentran, interactúan y buscan entenderse. Como en “A ∩ B ∩ C”, donde utiliza formas geométricas de colores para explorar la teoría de conjuntos como una metáfora de la interacción social y la comunicación.



Rita Ponce de León (Lima, Perú, 1982) vive en Ciudad de México y desarrolla una práctica que cruza el dibujo, la instalación y el movimiento —desde el cuerpo hasta los flujos que organizan el espacio compartido. Su trabajo propone formas de interacción donde las personas activan, transforman y reconfiguran lo que ocurre a su alrededor. Para ella, hacer arte es “inventar un juego que consiste en inventar las reglas del juego”. Como en “In the shape of us”, donde construye un espacio escultórico con materiales terrosos que invita a las personas a adoptar distintas posturas y a encontrarse con otros en formas poco habituales.



Junto a estos tres artistas, el proyecto se desarrolla como un proceso de co-diseño a distancia que ya está en curso. Cada uno vive en un país distinto, por lo que el trabajo toma la forma de un intercambio sostenido entre sesiones online y envíos por correo postal. En esas conversaciones hemos estado compartiendo recuerdos, referencias y materiales que darán forma a los primeros bocetos de cada artista, actualmente en desarrollo.
A partir de esos bocetos, el proceso continuará: desde Nube los interpretaremos y los levantaremos con lo que tengamos a mano para probarlos con niños y niñas en contextos reales. En esas idas y vueltas —entre lo que el artista imagina, lo que Nube materializa y lo que los niños hacen con eso— emergerán las propuestas: juegos que recorrerán distintas escuelas de Santiago, activando nuevos modos de encuentro en los recreos y proyectando un alcance de más de 3.000 estudiantes.
Más que intervenir un espacio, este proyecto busca abrir una pregunta: ¿cómo volvemos a construir condiciones para el encuentro dentro de la escuela? En ese sentido, “Nube Lab: intervenciones para patios escolares” se inscribe en un momento más amplio, donde distintas iniciativas comienzan a reconocer la importancia del juego, el cuerpo y la convivencia en la experiencia educativa. En Chile, la promulgación de la Ley 21.778 —que establece un mínimo diario de actividad física, juego o deporte en la jornada escolar— y la Ley 21.801 —que regula el uso de celulares en el aula— apuntan en esa misma dirección: recuperar la atención, el vínculo y el tiempo compartido.
Este proyecto se suma a ese panorama como una experiencia concreta, situada y en desarrollo, que busca reactivar el recreo no solo como pausa, sino como un espacio fértil donde lo común puede volver a emerger.


