Laboratorio de procesos creativos.
Parque Padre Hurtado, La Reina – Chile.
Organización sin fines de lucro.

Residencia de Creadores Culturales da inicio al proyecto “Nube va a regiones” en El Quisco

Escribe Consuelo Pedraza: Artista visual e investigadora cultural. Licenciada en Artes y Licenciada en Estética (PUC).

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El trabajo junto a El Quisco ya comenzó. Como primer hito del proyecto “Nube va a regiones”, impulsado por Nube Lab con el apoyo de Fundación Huneeus Quesney, cinco creadores y creadoras culturales de la comuna participaron en una Residencia de Creadores Culturales que dio inicio a un proceso de trabajo artístico y comunitario que se desplegará durante 2026 y que culminará en la realización del Festival Nube en la comuna.

La residencia —realizada entre el 19 y el 23 de enero en el taller de Nube Lab, en Santiago— marcó el punto de partida de este camino. Durante una semana, Catalina Landeros, Cynthia Martin, Gabriela Núñez, Jullian Pinto y Sebastián Gómez habitaron el taller de Nube, compartiendo el día a día del equipo y participando de una experiencia formativa diseñada para vivir, desde dentro, el cruce entre arte, educación y comunidad que propone el Método Nube.

La Residencia de Creadores Culturales no fue una capacitación tradicional. Fue una experiencia formativa e inmersiva que buscó tanto transferir el Método Nube, permitiendo que las y los participantes experimentaran en primera persona cómo se diseñan y sostienen procesos creativos situados, como comprender desde dentro nuestra forma de trabajar, pensar y vincularnos con los territorios y entornos. Quisimos que las y los residentes se empaparan de Nube: conocer al equipo, compartir rutinas, conversaciones y tiempos, habitar el taller, mediar experiencias, visitar talleres de artistas y reflexionar colectivamente fueron parte fundamental de la construcción de confianza y de los lazos necesarios para lo que viene.

Esta residencia es clave: las y los creadores culturales de El Quisco serán el puente entre Nube Lab, las comunidades locales y la Oficina de Arte, Cultura y Patrimonio de la Ilustre Municipalidad de El Quisco. A lo largo de 2026, acompañarán la activación de talleres, encuentros y procesos creativos en el territorio, aportando su conocimiento del contexto, sus saberes locales y su propia práctica artística al desarrollo del proyecto. La residencia buscó, precisamente, que se sintieran parte de este proceso, comprendieran su sentido profundo y lo hicieran propio.

Solo así —junto a las y los Creadores Culturales— puede ponerse en marcha “Nube va a regiones: programa de co-creación de festivales artísticos para la cohesión social”, una iniciativa que nace desde una convicción profunda: la creatividad situada tiene la capacidad de regenerar vínculos, fortalecer el sentido de pertenencia y contribuir al bienestar comunitario.

El Quisco, en la región de Valparaíso, es el primer territorio donde se activa este proyecto de cinco años, que busca llevar el Festival Nube a distintas comunas del país, trabajando desde el arte y junto a las comunidades. Cada año, Nube desarrollará un proceso anual en una comuna, a través de talleres artísticos abiertos a niñas y niños, jóvenes, familias, docentes, personas mayores y organizaciones locales. Estos talleres no buscan producir resultados inmediatos, sino conocernos, generar vínculos y confianza a través del arte para levantar, junto a cada territorio, festivales artísticos y lúdicos con identidad local.

El proceso se basa en uno de los pilares del Método Nube: el contexto como recurso. La geografía, la flora y fauna, las historias, los juegos, los materiales disponibles, los mitos y la vida cotidiana se convierten en materia prima del proceso creativo. Todo lo recolectado durante el año —saberes, símbolos, imaginarios— se devuelve a la comunidad en forma de Festival Nube: una celebración gratuita y abierta donde el arte se juega y se vive con el cuerpo, los sentidos y la emoción, transformando el espacio público en un lugar de encuentro, juego y creación compartida.

Este 2026, en alianza con la Ilustre Municipalidad de El Quisco, comunidades educativas y Creadores Culturales locales, el proceso culminará con la realización del Festival Nube en Isla Negra durante la primavera. A lo largo de los cinco años del programa, se espera movilizar a más de 20.000 personas, activando comunidades educativas y espacios públicos, y fortaleciendo la participación, el trabajo colaborativo y el vínculo afectivo con los territorios. El impacto que se busca no es solo cultural, sino profundamente social: más encuentros, más vínculos y más posibilidades de imaginar futuros compartido

Antes de que el proyecto se despliegue en el territorio —antes de los talleres y del festival— todo comenzó aquella semana compartida en el taller de Nube. Desde el primer día, la residencia se abrió con una pregunta que funcionó como hilo conductor de toda la semana: ¿qué trae cada quien en su propia caja de herramientas y qué puede aportar a un proceso colectivo? No fue una pregunta abstracta. Al compartirla, comenzaron a aparecer disposiciones, sensibilidades y cualidades “blandas” que habitualmente quedan fuera de los procesos formativos. Nombrarlas permitió reconocerse en la diversidad, identificar fortalezas y empezar a construir un lenguaje común desde la escucha y el reconocimiento mutuo.

Uno de los primeros ejercicios fue la actividad “Gabinete”, diseñada originalmente por Javiera Navarrete en una residencia anterior junto a artistas, mediadores y docentes de la Región de Coquimbo. La propuesta invitó a crear un gabinete colectivo a partir del dibujo y el recorte de objetos e imágenes significativas para cada participante. A medida que el gabinete se iba poblando, comenzaron a aparecer escenas con su propia temporalidad; se habló del tiempo de la costa, la pausa que existe fuera de la época estival, las casas vacías con muebles detenidos en el tiempo; aparecieron casas sobre pilotes en los acantilados, rejas bajas y antejardines llenos de flores. También el polvo color arena, los opiliones y arañas pollito. La playa se instaló como imagen de fondo con quitasoles y roqueríos, con sol y niebla matutina. Sin proponérselo, el gabinete comenzó a dibujar un paisaje compartido de El Quisco, un primer gesto de lectura sensible del territorio.

Otro momento clave de la residencia fue la visita al taller del artista Pablo Rodríguez. Allí, las y los residentes se detuvieron a observar su proceso creativo y como el juego, las infancias y la educación atraviesan su práctica. Uno de los comentarios que más se repitió fue el valor de ver el proceso de un artista en acción y comprender que el rol artístico no está separado de las personas ni del acto de mediar, hacer talleres o transferir saberes. La creación y la educación aparecieron como procesos que se nutren mutuamente: el trabajo con otros alimenta la obra, y la obra, a su vez, abre nuevas formas de encuentro.

La residencia incluyó también sesiones de profundización en el Método Nube: sus dimensiones, pilares y formas de activar experiencias artísticas desde el juego, el cuerpo y el contexto. Se trabajó a partir de actividades ya existentes, invitando a las y los creadores a adaptarlas, transformarlas y traducirlas desde su propia experiencia local, siempre con la pertinencia territorial y comunitaria como criterio central.

Hacia el cierre de la semana, las y los residentes pusieron el cuerpo en acción al mediar una experiencia artística en la V Escuela de Verano para Profesoras y Profesores, realizada en el Museo de la Educación Gabriela Mistral. Asumir el rol de mediadores culturales en un contexto real fue un momento clave para ganar confianza, observarse en acción y experimentar qué significa sostener una experiencia artística con otros. Según relata Antonia Canales, coordinadora del proyecto, se sintieron cómodos en ese rol, pero, sobre todo, valoraron ver al equipo Nube: no solo mediando, sino también adaptándose a los distintos escenarios con flexibilidad y atención a lo que iba ocurriendo.

Más allá de las actividades específicas, uno de los aspectos más significativos de la residencia fue el tiempo compartido como grupo. Catalina, Cynthia, Gabriela, Jullian y Sebastián estuvieron juntos todos los días, se conocieron, forjaron amistades y se mostraron disponibles para apoyarse y colaborar entre sí. Pudieron ver que el proyecto no llega cerrado, sino que se está gestando en proceso, y que ellas y ellos son parte activa de esa construcción desde el inicio.

En la evaluación posterior, varias voces coincidieron en destacar la escucha activa como una de las marcas más importantes de la experiencia. Uno de los residentes lo sintetiza así: “Yo me quedo con eso. Es agradable estar en un espacio donde existe esta comunicación constante, como un natural cotidiano que va respondiendo preguntas y que se va generando en el camino”. Se percibe una confianza temprana en el proceso y en el trabajo conjunto; una participante incluso señaló: “Tengo confianza al 100%. No tengo duda alguna”.

Otra reflexión recogida al cierre apunta a algo que va más allá de la metodología en sí: “Más que la metodología, que la encuentro muy importante porque ahora veo posibilidades concretas para explicar y diseñar dinámicas, lo que más me llama la atención es entrar a un lugar donde se siente un ambiente de confianza. Donde uno puede hablar, probar, equivocarse. Eso nos da herramientas para conectar con los otros y sentir”. Esa confianza inicial —entregada y construida en el interactuar cotidiano— aparece como una base fundamental para lo que vendrá.

Con esa experiencia a cuestas, las y los Creadores Culturales regresaron a El Quisco, Algarrobo y El Tabo. Lo que viene no es la aplicación de una fórmula, sino la continuación de una conversación iniciada esa semana: con el territorio, con sus comunidades y con las preguntas que quedaron abiertas. A lo largo de 2026, ese diálogo tomará forma en talleres, encuentros y experiencias compartidas, hasta convertirse —junto a muchas otras personas— en un festival con identidad local.

La programación y las formas de participación de cada instancia se irán informando a través de la página web y redes de Nube Lab, así como mediante los canales de la Municipalidad de El Quisco y su Oficina de Arte, Cultura y Patrimonio.

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